Aller au contenu principal

Reino de Hungría (medieval)


Reino de Hungría (medieval)




El reino de Hungría comenzó su historia cuando Esteban I, Gran príncipe de los húngaros, fue coronado rey en 1000/1001. El luego canonizado san Esteban inició reformas radicales para convertir el país en un estado feudal occidental, fortaleciendo la autoridad central, y en un reino cristiano apoyando a la Iglesia católica con la cristianización forzosa. Fue el primero de los 57 reyes que tendrá Hungría a lo largo de más de un milenio de existencia.

En un primer momento las guerras civiles, los levantamientos paganos y los continuos intentos del Sacro Imperio Romano por expandirse en la zona, fragmentaron la autoridad de la nueva monarquía. Resistió los ataques de tribus bárbaras de Oriente, como los cumanos y pechenegos, que fueron repelidos por los reyes Salomón, Geza I y san Ladislao I (r. 1077-1095), que finalmente logró estabilizar el reino. Rico en tierras de cultivo y en depósitos de plata, oro y sal, el reino se convirtió en el objetivo preferido de los colonos de Europa occidental. Su llegada contribuyó al desarrollo de Esztergom, Székesfehérvár y muchos otros asentamientos. Situada en la encrucijada de importantes rutas internacionales, Hungría se benefició de diferentes culturas. En su territorio se alternaron arquitecturas románica, gótica (y luego renacentista), así como obras literarias latinas, católicas, ortodoxas e incluso islámicas o no cristianas. El latín era el idioma de la legislación, la administración y la justicia, pero en Hungría coexistía un «pluralismo lingüístico»[1]​ que contribuyó a la supervivencia de varios idiomas, entre ellos la gran variedad de dialectos eslavos.

Tras la muerte del rey de Croacia en 1091, Colomán (r. 1095-1116) se convirtió también en rey de Croacia y después de él, los reyes de Hungría heredaron ese título, aunque ambos reinos se mantuvieron autónomos. El reino fue dirigido en sus primeros tres siglos por la dinastía de Árpád.

El reino húngaro enfrentó al Imperio bizantino en varias oportunidades en guerras como la del rey Geza II de Hungría entre 1148 y 1155, tras la que el emperador Manuel I Comneno consiguió extender la influencia bizantina bajo el reinado de Bela III de Hungría (r. 1176-1196), hijo de Géza II. Posteriormente la debilidad de Bizancio ante los turcos hizo que, concentrado en su propia defensa contra los ejércitos otomanos, ese imperio perdiera interés en Hungría.

Entre 1217 y 1221 el reino de Hungría participó en la Quinta cruzada, encabezada personalmente por el rey Andrés II. El predominio de territorios sujetos directamente al soberano aseguró en un principio una posición preeminente de los reyes de Hungría, pero la posterior enajenación de tierras y el surgimiento de grupos de pequeños terratenientes pronto los pusieron en dificultades. Fueron esos nobles locales quienes obligaron a Andrés II a otorgar su Bula de Oro de 1222, «uno de los primeros ejemplos de limitación constitucional de un monarca europeo».[2]​ En 1241-1242 sufrió la invasión de los mongoles de Batú Kan, que arrasaron el país y diezmaron la población. Esto forzó al rey Bela IV (r. 1235-1270) a reconstruir el Estado y a crear una línea de defensa de más de 100 castillos a lo largo de la frontera oriental del reino. Se favoreció el asentamiento de grupos de cumanos y jasicos en las tierras centrales de Hungría y llegaron nuevos colonos de Moravia, Polonia y otros países vecinos. En 1301 murió Andrés III de Hungría, último miembro de los Árpad. Después de un corto período de interregno, cuando los señores más poderosos compitieron por el control y tras una transición caótica, ascendió al trono en 1307 Carlos I Roberto (r. 1308-1342), de la Casa de Anjou-Sicilia. El nuevo monarca restableció el entonces debilitado poder real y venció a los caudillos nobles en ese momento cada vez más poderosos. A su muerte, en 1342, tras un largo reinado, lo sucedió su hijo mayor Luis I (r. 1342-1382), que llevó al reino a su máximo apogeo, dirigiendo campañas militares contra el Gran Ducado de Lituania, el sur de Italia y otros territorios circundantes y que al heredar el trono de su tío el rey polaco, al final de su reinado se convirtió también en rey de Polonia. Se abrieron muchas minas de oro y plata y a finales del siglo XV ya representaban un tercio de la producción mundial.

Desde el reinado de Luis I el Grande los húngaros lucharon contra los turcos otomanos que realizaban incursiones invasivas en Europa. Posteriormente, el rey Segismundo de Hungría llegó a ser soberano de Polonia, de Bohemia y del Sacro Imperio Romano Germánico, siendo la figura más importante en la Europa de su tiempo y debiendo enfrentar nuevamente a los turcos. En las décadas siguientes, el talentoso comandante János Hunyadi lideró los enfrentamientos con los otomanos. Su victoria en Belgrado en 1456 estabilizó la frontera sur del reino durante casi cincuenta años.

El primer rey de Hungría sin antepasados dinásticos fue Matias Corvino (r. 1458-1490), quien dirigió varias campañas exitosas y también se convirtió en rey de Bohemia y duque de Austria utilizando su Ejército Negro. Bajo su reinado, Hungría se convirtió en la primera nación europea en adoptar el estilo renacentista italiano.[3]

Luego los territorios del reino disminuyeron progresivamente con la expansión del Imperio otomano en el siglo XVI. El área se dividió en dos partes en 1538 de acuerdo con el Tratado de Gran Varadino y debido a la ocupación otomana en 1541, el país se dividió en tres partes: una parte central, ocupada por el Imperio otomano con el nombre de eyalato de Budin (Hungría otomana), una parte al oeste llamada Hungría Real, donde los nobles locales eligieron al emperador Fernando I de Habsburgo como rey con la esperanza de expulsar a los turcos y recuperar el perdido reino, y un independiente Reino de Hungría del Este que más tarde se unió al Principado de Transilvania.

Significado

La denominación «reino de Hungría» se utiliza para denotar la composición multiétnica de una serie de territorios en contraposición con el moderno estado húngaro, significativamente más pequeño y étnicamente más homogéneo. Con anterioridad al siglo XIX, el término «húngaro» designaba al habitante de este estado, independientemente de su etnia.

En Latín, los términos "natio Hungarica" y "Hungarus" se referían a la nobleza de este reino. Aunque la idea de Hungría (lealtad y patriotismo más allá de los orígenes étnicos) existía entre gran parte de la población de este estado, según el tratado Tripartitum, obra de István Werbőczy, solo los nobles privilegiados eran la Natio Hungarica o Hungarus, sujetos a la Sagrada Corona con independencia de su etnia.

JBL PARTYBOX ENCORE

Visión general

En los cuatro siglos posteriores a su migración hacia la llanura Panónica, los Magiares evolucionaron desde una difusa confederación de tribus para llegar a crear un reino reconocido. Este reino, que sería conocido como Reino de Hungría, estaba liderado por la dinastía Árpád y estaba fuertemente vinculado con la cristiandad occidental. Finalmente, el linaje de Árpád se extinguió, y el reino de Hungría volvió a hundirse en la anarquía, donde la nobleza más poderosa luchaba por el control

Tras el fin de la dinastía Árpád, los nobles húngaros eligieron una serie de reyes extranjeros que restablecieron la autoridad real. Hungría y sus países vecinos prosperaron durante varios siglos como Europa Central, y experimentaron una etapa de paz interrumpida únicamente por los conflictos sucesorios. Pero, con el tiempo, la expansión del imperio otomano y las luchas que siguieron a la Reforma Protestante acabaron por debilitar al país, que quedó finalmente dividido entre los Otomanos y el Imperio austríaco

Campañas magiares y la batalla de 955

Los lazos que unían a las siete tribus magiares se tornaron frágiles y quebradizos poco después de la migración. En aquel momento, Europa se había debilitado y estaba muy desunida y durante más de medio siglo los Magiares impusieron tributos en Baviera, la Gran Moravia, Italia y el Imperio bizantino y en tierras tan lejanas como los Pirineos. En el año 907, el margrave Leopoldo de Baviera organizó su ejército e intento lograr una victoria decisiva contra los Magiares. El ejército europeo estaba formado por en torno a 100.000 soldados, pero fueron derrotados por Árpád en la batalla de Brezalauspurc. En 910, los magiares derrotaron al Ejército Imperial Franco de Luis IV de Alemania cerca de Augsburgo. De 917 a 925 los magiares asaltaron Basilea, Alsacia, Borgoña, Sajonia y Provenza. En 937 saquearon Francia, llegando incluso a Reims e Italia hasta Otranto en el sur. En ocasiones como mercenarios y otras veces como saqueadores, las bandas arrasaron pueblos y ciudades y tomaron prisioneros para usarlos como mano de obra, pedir rescate o venderlos como esclavos. El emperador de Bizancio y los príncipes y monarcas europeos pagaban tributos anuales a los Magiares. En 955, sin embargo, los ejércitos del emperador Otón I del Sacro Imperio Romano Germánico destrozaron a un ejército magiar en la batalla de Lechfeld, cerca de Augsburgo. La derrota significó el final de las incursiones magiares en Europa occidental, aunque los asaltos contra el imperio bizantino se prolongaría hasta el año 970

Los Árpádes (970-1301)

Geza y los comienzos de la cristianización del pueblo húngaro

En la década de 970, como consecuencia de los cambios nacionales e internacionales, el más poderoso de los príncipes húngaros, Géza adoptó el Cristianismo, la fe de los vencedores, y comenzó a difundirlo por el país. Por la misma época, inició un proceso de organización del poder central. Apenas había entrado en guerra con países extranjeros durante sus 25 años de gobierno. Géza reforzó su política pacifista gracias a los matrimonios entre sus hijos y los miembros de las dinastías europeas más poderosas, con el fin de consolidar el poder magiar en la llanura panónica.

Los esfuerzos de Géza por establecer un estado estable que garantizara el trono a sus sucesores fracasaron en última instancia porque se vio obligado a compartir el territorio con otros miembros de la familia principal. El príncipe Koppány también reclamaba el trono. En el derecho húngaro de sucesión se utilizaba el sistema llamado del señorío, es decir, el derecho del hermano mayor superviviente. Koppány también exigía en matrimonio la mano de la viuda principal, Sarolta. La voluntad de Géza de que su primogénito heredara el trono chocaba frontalmente con el derecho ancestral húngaro.

En relación con su conversión al Cristianismo, surgía la gran cuestión de si Hungría debería unirse a la Iglesia Católica o a la Iglesia Ortodoxa. En un primer momento (en torno a 948), los nobles húngaros se adhirieron mayoritariamente a la Iglesia de Bizancio, ortodoxa. Sin embargo, en el otoño de 972, Adalberto de Praga fue nombrado obispo por el papa Silvestre II, con el objetivo de difundir el cristianismo occidental entre los húngaros. San Adalberto bautizó a Géza y a su familia. Su esposa, el, había sido bautizada por un obispo griego en su niñez. La decisión de adoptar este segundo bautizo fue dictada por las circunstancias. La última fase de los ataques húngaros fue dirigida contra el sureste, lo que encolerizó a los bizantinos. La abolición por parte del emperador de Bizancio de la independencia política y religiosa de Bulgaria fue un aviso a los húngaros.

La amenaza bizantina obligó al príncipe húngaro a buscar el reconocimiento político y moral del Sacro Imperio. La implantación del cristianismo occidental fue un acontecimiento cultural y político para los húngaros. Durante el reinado de Géza, finalizaron las expediciones de saqueo y a punto estuvo de lograr la consolidación de un estado independiente antes de su muerte.

Reino de Hungría (1000-1301)

Reinado de Esteban I (1000-1038)

Revueltas paganas, guerras y consolidación (1038-1116)

Colonización y expansión (1116-1196)

Época de las bulas de oro (1196-1241)

Invasión mongola (1241-1242)

Fin de los Árpad: Esteban V, Ladislao IV (el Cumano) y Andrés III (1242-1301)

El estado medieval húngaro

«El desarrollo constitucional de Hungría en la Edad Media convirtió al poder de los reyes húngaros en el más eficiente del medievo, y eso fue debido a la ausencia de feudalismo. Indudablemente se pueden encontrar trazas de feudalismo, como las dominantes en toda Europa, en las antiguas instituciones húngaras, pero éstas aparecen como una mezcla accidental, no como esencia y rasgo característico de las mismas. Esa amalgama de prerrogativa pública y derecho privado que es la esencia del feudalismo, nunca prevaleció en la organización de los poderes públicos húngaros, nunca arraigó en la nación como en un todo. A esta temprana ascendencia de la ley pública en el gobierno del país debe Hungría, no solo una mayor eficiencia no perjudicial para la libertad en los poderes públicos, sino en conexión con ella, un temprano crecimiento de la conciencia de unidad nacional, del patriotismo en su sentido más amplio, en una época en que el sentimiento tribal y las lealtades feudales subdividían Europa en pequeñas unidades que se paralizaban las unas a las otras y en las correspondientes mentalidades separatistas, contrarias a la miema idea de Estado y de sentimiento nacional». (Conde Albert Apponyi: The juridical nature of the relations between Austria and Hungary, Congreso de Artes y Ciencias celebrado en San Luis, Estados Unidos, en 1904)

Interrregno

La Edad de Oro (1308-1490)

Los dos primeros reyes extranjeros de Hungría, Carlos Roberto y Luis I, miembros ambos de la Casa de Anjou, gobernaron durante uno de los períodos más gloriosos en la historia del país. La paz reinaba en Europa Central y Hungría y sus vecinos prosperaban.

Una de las principales fuentes de información para el período son los registros de las minas de oro del norte y el este de Hungría. La producción llegó a alcanzar la nada despreciable cifra de 3000 libras de oro anuales —un tercio de la producción del mundo conocido por aquel entonces, y cinco veces más que cualquier otro estado europeo—.[218][219]


Text submitted to CC-BY-SA license. Source: Reino de Hungría (medieval) by Wikipedia (Historical)



Powered by Shutterstock